Me gustan los “intelectuales” que asumen una clara posición de campo (Bourdieu). Para el maestro francés, esta decisión es vital en “el programa intelectual” asumido, y entronca con la visión sartreana de la Existencia: “Vengo de allá. Soy ésto. Estoy acá. Voy para allá” (Simple?. Pruébese). No es la primera vez –la de estos días de época K, de mucho cálculo y poca audacia en su “programa intelectual”- que Beatriz Sarlo se autopropone como emergente de la falsa lucidez de escritorio con balcón francés (aunque, vale reiterarlo, con pensamiento de atractivo efectista, como el de stand up de escenario monolumínico, ya explicado en un post de Confrontaciones de este blog). Necesito recordar la historia del pensamiento de Sarlo del 2001 de memoria, porque mis gugleos no me permiten llegar a releer la iluminista propuesta política que la mencionada expresa en Bazar Americano (un sitio de artículos de ciencias sociales de izquierdas). Sarlo admitía en el 2001 la validez de la tesis popular (nota: esta expresión –tesis popular- es mía y la uso a sabiendas de romper el cánon del cientificismo social) del “que se vayan todos”. Pero interpretaba en él, un grito amorfo de una masa desorientada (ya aquí comienza su conexión con el mitrismo ideológico iluminista de la “organización nacional”: organicemos nosotros a estos brutos, o nos pasan por encima). Como salida a la desorientación de las masas en las calles, Sarlo –nota: solo en su cabeza existía esta desorientación, porque quien recorría esos territorios sociales nuevos (lo hice), a tientas y en descubrimiento performativo, nada veíamos de desorientación; más bien, mucha y certera orientación de lo que no se quería más). Decíamos, como salida a la ilusión hegeliana de la desorientación de las masas que veía Sarlo y escribía en Bazar Americano, proponía una “traducción política” del descontento popular del “que se vayan todos”. Claro, afloraba la pregunta central: quién debía traducir y qué? Desde luego, su propuesta la colocaba (a Sarlo), naturalmente, en el lugar de traductora de la amorfidad popular peligrosa, que brotaba en asambleas barriales, piquetes diarios y frentes de bancos apedreados. Sarlo, en su escritorito, despliega la propuesta de la traducción política con la esperanza que, creo yo a estas alturas, ser llamada a darle forma a esa traducción. Digamos que se ilusionaba con una especie de “leninismo de la pereza”. Sé qué hay que hacer. Llámenme. Pero “yo no toco la plata”. “Yo soy el ingeniero; él es el contratista”, usando el gracioso eskech de Olmedo, donde uno ponía la idea y otro, el trabajo duro. No la llamaron. Ni a ella, ni a Bazar Americano. El lugar de recomposición técnico-intelectual del pensamiento nacional lo ocupó el Plan Fenix, con Jorge Schvarzer a la cabeza, como una de las mentes inspiradoras y más brillantes de interpretación del trágico momento nacional, y de qué hacer, en serio. Sarlo varió, posteriormente y hasta éstos días, su estrategia de comunicación de ideas. Bazar Americano (una web leida por un par de centenares de gentes de las ciencias sociales), claramente no sirvió a sus fines políticos operacionales. Eligió llegar a “la gran platea” desde los medios grandes, comenzando con notitas domigueras para leer en la pileta, para, lentamente, en concepción gramsciana, hacerse el lugar que deseaba: ser una voz de interpretación contestataria real, y dejar las notitas domingueras para Valeria Massa. En esa tarea, no oculta más sus intereses políticos (ya alejados, si se quiere, del “programa intelectual” personal) Se trata, ahora sí, de erosionar el proceso político-cultural en marcha. El proceso sociocultural K, que tiene un lado de kirchnerismo político y un lado de kirchnerismo social, con fronteras difusas. Si su tesis de resolución del “que se vayan todos” de hace 10 años, en el 2001, poco y nada caló en la operativización intelectual de salida del infierno (Néstor Kirchner), por qué creer ahora en sus nuevas propuestas, pronósticos y calificaciones? Todos tenemos derecho a equivocarnos. Pero también la obligación de admitirlo. Para Sarlo, esto no existió en su “programa intelectual”. Se borró con el disco rígido. Compruébese buscando en el buscador de Bazar Americano. Así todo, persiste en su vocación de traductora de las masas. Y en esa persistencia, su esperanza a “ser llamada”. Se solaza, en esa esperanza, en autodenominarse la “antikirchnerista más odiada”. Y se equivoca otra vez (como en el 2001). Porque si algo sabemos en el kirchnerismo (el político y el social), es direccionar el “odio”. Es Biolcatti, por ejemplo… Sarlo, no Ud.!!! Sarlo es una configuración de caricatura de Marat, al revés. Lo fue en el 2001 (con su pretendida traducción de las masas) y lo es ahora, 10 años después, con la autoproclamación de ser el centro de los desvelos kirchneristas. La forma de los dos intentos es risueña. Como es un Marat al revés, aún no hizo matar a nadie (como a nadie, tampoco, le importó su propuesta de traducción política del clamor popular del 2001). Cuando Sarlo logre alguna de las dos cosas (hacer matar, como Marat, o traducir a las masas), quizá sea el tiempo de tomarla en serio. En nuestro caso, con audacia.
En el 2001, Sarlo quería que se vayan todos (a ella).
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Publicado en 18 diciembre, 2011
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